Por: Dr. Víctor Rodríguez Pérez
victor.psicologoacademico@gmail.com
Actualmente y ya desde hace algunos años en que los medios masivos de comunicación empezaron a tener efecto, se usan cotidianamente en el argot popular palabras extrapoladas de la terminología psicológica. Ejemplo de ello: “esa artista tiene mucha personalidad”, “me parece que tu amigo es bipolar”, “te iría mejor si tuvieras otra actitud”.
Recientemente en la redes sociales su utilizan frases como “esa es la actitud”, “me encanta tu actitud”. Inclusive, otras más simples como “tú muy bien”, “laughing out loud [lol (reír a carcajdas)]” han llegado a ser trending topic (tema de tendencia). Entonces, ¿las actitudes pueden percibirse?, ¿cómo se demuestra una actitud?, ¿siempre se tiene una actitud, incluso en las redes sociales?, ¿de qué forma se puede gustar o provocar desagrado mediante el uso de las redes sociales? Para contestar estas interrogantes es necesario plantear algunos aspectos teóricos referentes al estudio científico de las actitudes.
En todas las épocas el estudio de las actitudes ha sido objeto de atención especial de la psicología, la sociología, entre otras disciplinas. Ya en 1935, Allport recopiló más de 100 definiciones del término actitud, lo que manifiesta el interés de los psicólogos en el tema, ya desde el siglo pasado.
Definición de las actitudes sociales
Generalmente se define a la actitud social como una organización duradera de creencias y cogniciones en general, dotada de una carga afectiva a favor o en contra de un objeto social definido, que predispone a una acción coherente con las cogniciones y afectos relativos a dicho objeto.1 En la literatura del área también podemos encontrar otras definiciones de actitudes sociales. Por ejemplo, Sheriff y Sheriff mencionan que son “…posiciones que la persona adopta y aprueba acerca de objetos, controversias, personas, grupos o instituciones”.2 Triandis las definió como “ideas cargadas de emoción que predispone un conjunto de acciones a un conjunto particular de situaciones sociales”.3
De acuerdo a las definiciones presentadas, se puede sintetizar que las actitudes constituyen valiosos elementos para predecir la conducta y, precisamente ahí radica el punto neurálgico de este campo científico de estudio. Las actitudes integran tres aspectos interrelacionados de la conducta humana: componente cognoscitivo, componente afectivo/ emocional y el componente conductual.
Componentes de las actitudes
Para que exista una actitud es necesario que la persona conozca o tenga una idea (representación cognoscitiva) de dicho objeto. El componente cognoscitivo puede incluir creencias (sin experiencia directa, transmitidas por los usos y costumbres), la experiencia directa y la recepción de información mediante medios formales (libros, periódicos, entre otros).
Por ejemplo, si queremos saber qué piensan los mexicanos sobre las redes sociales, tendríamos que considerar los últimos datos aportados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) que mencionan que 38.9 millones de mexicanos (el 66% de entre 12 a 34 años de edad) utilizan computadora [labores escolares (53.4%); actividades vinculadas con la comunicación (44%); entretenimiento (37.9%), y trabajo (32.2 %)] y que 32.8 millones tienen acceso a internet.4 Y con base a esta información podríamos contestar esa interrogante, preguntando a una muestra representativa de 8.2 millones de mexicanos de entre 12 a 34 años, que tengan computadora con acceso a internet y que utilicen la red con fines de entretenimiento –es decir, los que seguro tienen experiencia directa o han recibido información formal–.
En cambio, si la interrogante es qué creen los mexicanos que son las redes sociales, se tendría que preguntar a personas de entre 12 a 34 años con computadora, pero no tenga acceso a la red, o que no la utilicen con fines de entretenimiento. Aunque cabe mencionar que no tendría mucho sentido preguntar a alguien qué es tal objeto, si dicho objeto no forma parte de su ambiente sociocultural. Sería algo así como preguntarle a alguien que se dedica al litigio, qué opina sobre los criterios para el diagnóstico de insuficiencia renal.
El componente afectivo se define como el sentimiento a favor o en contra de un determinado objeto social. Para algunos autores como Ajzen y Fishbein5, este es el componente característico de las actitudes sociales, ya que al saber si las personas están a favor o en contra, se podrá predecir si realizará o no cierta conducta. Para este autor, el saber las cogniciones o las conductas asociadas a tal objeto social, sólo nos permitirá medir la actitud pero no podremos predecir la intensidad que se asocia al objeto.
También, autores como Rosenberg6 han demostrado que los componentes de las actitudes más coherentes entre sí y, por ende más correlacionados, son el cognitivo y el emocional. Tocante a esto, en mi experiencia clínica cotidiana he notado un discurso frecuente entre los padres de mis pacientes adolescentes:
- “Dr. todo lo hace bien, su tarea, arregla su cuarto, pero lo que termina con mi calma y me encabrona (afirmación verbal indicativa de afecto) es que se queda hasta la madrugada en el facebook o en el twiter”
- Y ¿por qué se molesta, porque se desvela?
- Bueno, un poco eso, pero lo que me encabrona es que pierda el tiempo.
- Entonces, ¿usted piensa que las redes sociales son para perder tiempo?
- Claro que si. Bueno, también uno puede estar en contacto con familiares o amigos de antaño o hasta con el presidente, pero en general son puros chistes, puro bullying.
- Bueno Sra. el bulliying es otra cosa, que en efecto a veces se ejerce mediante las redes sociales.
En este ejemplo de un discurso frecuente al que me enfrento en mis consultas, podemos explicar lo propuesto por Ajzen y Fishbein, y Rosenberg, que mencionan que lo decisivo en las actitudes es el componente afectivo relacionado con una cognición negativa del objeto social. En este caso aunque los papás de mis pacientes saben para qué sirven las redes sociales, lo asocian con cosas tan negativas como el bullying. Para triangular el estudio de las actitudes (para indagar la conducta asociada a esos pensamientos y sentimientos) sólo me faltaría preguntarles: ¿usted tiene facebook o twitter?, pero generalmente el ambiente hostil de las sesiones con los padres de adolescentes “problemáticos” no me lo ha permitido.
Por último, por consenso entre los psicólogos sociales especialistas en el tema se ha propuesto que las actitudes sociales desempeñan un elemento activo, el componente conductual. Hasta el momento, la relación entre la parte afectiva de las actitudes y la propensión a actuar, es innegable. Sin embargo la cuestión es ¿cuál es el papel psicológico de las actitudes y la conducta?, ¿la actitud es lo que hace que realmente actuemos?
Autores como Newcomb, Turner y Coverse7 propusieron que las actitudes propician un cierto estado de “atención” que al mantenerse activo durante determinado tiempo producen un cierto estado de “motivación” específica hacia un cierto tipo de conducta: aceptar, limpiar, pagar, abrazar, entre muchas otras conductas. Ahora bien, siguiendo a los autores, las actitudes (la cognición y lo afectivo sobre cierto objeto) jugarían un papel predisponente y el activador real sería la “situación actual”, el “aquí y ahora”, es decir si hay proximidad o lejanía con el objeto social.
Entonces, haciendo una integración de lo escrito hasta aquí, lo que nos hablaría de una correlación directamente proporcional entre las actitudes y la conducta, sería la coherencia entre la cognición y los afectos sobre el objeto social y la proximidad que se tenga hacia él.
Fue muy sonado el caso del papel que jugó la red social “twitter” y la tragedia ocurrida por el terremoto de Haití en enero del 2010. En primer lugar, debido a las condiciones in situ de un terremoto, las dificultades para las telecomunicaciones fueron mayúsculas. Pero algunas personas extranjeras que se encontraban en ese momento en Puerto Príncipe y que contaban con internet vía satelital, pudieron informar al mundo (cognición) tanto de la magnitud de la tragedia, como de las necesidades urgentes (además de las ya prevalecientes por su condición de vida) de víveres, medicamentos, maquinaria y otros aditamentos.
En esta situación de Haití, vimos los videos del terremoto en vivo que grabaron con los celulares y ya posteriormente vimos los de las cámaras ubicadas en ciertos lugares. Ya esa situación de ver todo moverse, personalmente a mi me generó terror (componente afectivo) y algunos más “sintieron” compasión al ver la destrucción y los cuerpos tirados en las calles, algunos sin ser cubiertos –cabe mencionar–.
Conforme pasaron los días (se mantuvo el nivel de atención proporcionada al tema), lo que ahora se nos informaba era sobre la gran necesidad de ayuda internacional, de hecho muchas “caras” de los medios de comunicación nos decían “recuerdan lo que vivimos en 1985 en la Ciudad de México, ayuden como a nosotros nos ayudaron”. Esto generó una actitud, pero también nos trajo un “aquí y ahora” (motivación) al recordar la tragedia que vivimos también por un terremoto. Al final, algunos ayudamos con lo que pudimos (conducta) y otros sólo pensaron que era fatal la situación y sintieron feo ante lo sucedido.
A manera de cierre, puedo decir que al manifestar ideas mediante las redes sociales y darle “me gusta” o responder tú muy bien, estamos ejerciendo el aspecto cognitivo y afectivo de las actitudes. A manera personal, considero que lo más importante no es usarlas, sino el valor personal y cultural del producto de esa interacción: ¿conocí a esa persona que me gustaba?, ¿empecé a comprar discos de tal banda?, ¿entré al IFAI a checar que las cuentas de las instituciones son claras?, ¿empecé a separar la basura?, ¿dejé de discriminar a la gente gay?, ¿defendí al compañero del que siempre se burlaban en el facebook?
Desde el punto de vista del estudio científico de las actitudes, también considero que las redes sociales podrían ser un semillero. Estudios hechos por personas capaces y sensatas, nos podrían ayudar a saber ¿qué espera la gente de un gobernante?, ¿cuál es el nivel académico de los usuarios?, ¿qué quiere la gente de un teléfono celular?, ¿cómo vamos en el cuidado del agua?, ¿cómo está la ortografía de los usuarios de las redes sociales? No acabaría con la lista, un sinfín de cosas, depende de lo que se quiera estudiar, está claro. =D
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Víctor Rodríguez es Doctor en Psicología por la UNAM, en el área de neurociencias de la conducta. Es especialista en trastornos del dormir y en el entrenamiento cognitivo-conductual de padres para el manejo de conductas disruptivas en niños y adolescentes. Da consulta privada en el Hospital Ángeles Roma.
También ha dado conferencias en Congresos Nacionales de Psicología y de Medicina de Sueño. Se desempeña como catedrático de la licenciatura en Psicología en la UNAM y en el Centro Universitario Emmanuel Kant y es asesor de tesis de temas como estilos de crianza parental, VIH-SIDA, neuropsicología de la psicopatía, actitudes, entre otros.
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Referencias.
- 1. Rodrígues, Aroldo (1999). Psicología Social. 4ª ed. México : Trillas., 540 p.p.
- 2. Sherif, C.W., Sherif, M. & Nebergall, R. E. (1965). Attitude and attitude change: The social judgment-involvement approach. Philadelphia: W. B. Saunders.
- 3. Triandis, H.C. (1971). Attitude and Attitude Change. New York: Wiley.
- 4. http://www.inegi.org.mx/inegi/contenidos/espanol/prensa/comunicados/modutih10.asp (usado 02/08/2011)
- 5. Ajzen, I., and M. Fishbein (1980) Understanding Attitudes and Predicting Social Behavior. Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall.
- 6. Rosenberg, M.J. (1960). An analysis of afective cognitive consistency. En Rodrígues, Aroldo (1999). Psicología Social. 4ª ed. México : Trillas., 540 p.p.
- 7. Newcomb, T.M., Turner, R.H. & Converse, P.E.(1965). Social Psychology: The Study of Human Interaction. En Rodrígues, Aroldo (1999). Psicología Social. 4ª ed. México : Trillas., 540 p.p.