Tradición Indígena:

La Piedra en la Espalda

Por: Nefmex

Desde la creación misma de la nación mexicana ha existido una lucha por reconocer el lugar al que pertenecen los indígenas en el contexto social imperante, en cualquier etapa de la historia nacional los llamados "naturales de estas tierras" han sido objeto de un trato diferente y particular que ha ido desde el desprecio al intereses paternalista y reivindicador, pasando por intentos infructuosos por acoplarlos al concepto de sociedad que se maneje en contexto.

Durante los primer años de la Conquista, los indios dieron mucho en que pensar a las autoridades españolas al no estar reconocidos jurídicamente por ley europea alguna, ¿era lícito evangelizarlos? ¿Eran salvajes? ¿Felizmente ingenuos o bárbaros desgraciados en su ignorancia del Evangelio? Estas preguntas movieron grandemente las tesis intelectuales de aquellos tiempos y a razón de este articulista, siguen presentes muchas dudas respecto al papel que juegan en la sociedad actual.

Durante el virreinato los indígenas eran tratados de forma paternalista, enfocados en convertirlos a la fe católica a fin de encontrarles un lugar en el nuevo contexto social y que dejaran la orfandad ideológica en que fueron colocados ante la extinción de sus deidades. Además eran también una herramienta de justificación para el dominio europeo en las Américas por dos vertientes: la religiosa por los motivos mencionados, y la económica, al ser convertidos en mano de obra -que no esclavos- en las encomiendas y trabajos de los nuevos dueños de la tierra. Desde el punto de vista del común de la gente de aquellos tiempos, los indios eran objeto del recelo y la desconfianza por todos los grupos sociales y castas, siendo tachados de resentidos y ladinos. Los intelectuales del virreinato como Carlos de Sigüenza y Góngora ponen de manifiesto el sentir de la época sobre los indígenas: se idealizaba a la civilización que crearon previo a la llegada de Cortés, pero a los descendientes de esta gloriosa raza se les daba el trato de parias que en muchas ocasiones era justificado, dado el grado de resentimiento hacia los españoles y los criollos.

Tras la Guerra de Independencia, el recién nacido México enfrentó el mismo problema que sus padres españoles, “¿qué hacemos con los indios?” La larga lucha por la emancipación había sido sellada por los criollos en el entendido de crear una nación armónica con el ideal católico mexicano, pero ni siquiera ellos supieron como tratar el asunto de los naturales de estas tierras, ya que al querer mantener gran parte de las tradiciones del virreinato, los indios continuaron siendo objeto de medidas paternalistas y tendientes a la "reivindicación" en papel, manteniéndolos en sus costumbres a fin de que no fueran un "estorbo" para la formación del país. De hecho podemos notar que en el convulso siglo XIX mexicano, los indígenas carecen de importancia alguna en las esferas del gobierno: golpe tras golpe eran los criollos -y en menor medida los mestizos- quienes se hacían con el poder.

No es como lo pintan

La historia oficial ha tratado a Benito Juárez como el gran ejemplo de la "igualdad" republicana al ser el primer presidente indígena de México; se toma su figura como el de un gran estadista indígena que velaba por su pueblo y deseaba que en base al respeto se siguiera con la tarea de retribución a los naturales. Pero la realidad es otra: Juárez llegó a ser presidente de México no por ser indígena, sino porque desde el principio se esforzó por dejar de serlo. Benito Juárez no fue un representante de los indígenas en la presidencia y en muchas ocasiones buscó terminar con la loza en la espalda que los naturales cargaban desde su nacimiento: las tradiciones inútiles. El presidente, al publicar las bien conocidas leyes de Reforma, no sólo afectó a iglesias y latifundios como pregona la historia oficial, sino que a los indígenas los puso en su contra ya que las leyes también afectaban a sus "tierras ancestrales", mismas que por tradición estaban sin ser explotadas y carecían de utilidad alguna. ¿Cómo entender los reclamos de oportunidades si ellos mismos no hacen algo por salir del atraso? Bien pudo ser esta una de las interrogantes del presidente Juárez, quien vio como gran contradicción esta situación que hacía risibles los argumentos indígenas sobre su “falta” de medios para progresar en el campo.

Dando un gran salto a los tiempos modernos, podemos retomar las cuestiones sobre el dilema indígena haciendo una reflexión en nuestro entorno. ¿Qué son los indígenas para nosotros y para el Estado? Tristemente son una simple tradición sin consecuencias. Este articulista considera que dada la nula capacidad del gobierno por encontrar un método que incentive la participación indígena en nuestra sociedad y ante la falta de voluntad de estos últimos, para los mexicanos el ser indígena es un elemento más del folclor nacional… y nada más. Es duro, pero a mi modo de ver es real: los gobiernos federales han usado a las comunidades indígenas a modo de comodín en sus agendas electorales y de propaganda al mantenerlos dependientes de las ayudas económicas y en especie; el indígena no es incentivado a trabajar y conseguir el éxito por su propio esfuerzo ya que las políticas asistencialistas están enfocadas en perpetuar el estado de "retribución perpetua", esto es que no existe el interés por hacer que los indígenas sean parte integrante de la sociedad mexicana, conviene más declararlos como acreedores de la deuda histórica de represión que sufrieron sus antepasados para así tenerlos cautivos del gobierno en el esquema social y económico.

La visión del indígena en México es la de una víctima de la historia por la cual todos debemos pagar hasta que se salde la deuda, el problema es que no se hace algo por resolver ese problema y ello ahonda más el retraso en el que los indígenas han vivido desde siempre. Juárez trató de sacarlos de su ignorancia y retraso al "forzarlos" a no ser "indios" sino "mexicanos", y esos esfuerzos no tienen parangón en la actualidad, gran parte debido a ellos mismos, como sucedió en los tiempos de don Benito. Las tradiciones son parte importante de nuestra multi-identidad nacional, la lucha no está en contra del valor social e histórico de las costumbres, sino del efecto retardante que ha infectado a los indios en México. ¿Dónde quedó la grandeza de los pueblos originales de Mesoamérica? Sepultada bajo siglos de tradiciones falsas e ideas trasgiversadas sobre su propia realidad.

Es sencillo leer en los diarios reclamos de la causa indígena sobre el atraso en que viven sus comunidades o el eterno recordatorio del holocausto que sufrieron con la llegada de Colón a América, y más sencillo aún es ver a millones de personas comprarse el reclamo y exigir "respeto" para ellos. ¿Y cuándo se exigirá respeto hacia ellos mismo? Nuevamente este articulista emite una dura opinión, pero es la idea del presente texto: El indígena de este país en el presente siglo está perdido en su ignorancia, vive atado a sus modos y costumbres para todas sus actividades, mismas que han demostrado ineficacia para hacerlos progresar; sus mujeres son relegadas a papeles secundarios en la vida donde no pueden desarrollar las capacidades que como todo mexicano tienen por ofrecer a la sociedad. Exigen respeto a sus tradiciones "milenarias", siendo que a este momento, la mar de ellas ya no existen: el sincretismo con el catolicismo no permitió que perdure la esencia que ellos tanto piden; además, esta adaptación de creencias con la iglesia de Roma pone también en entredicho la veracidad de sus reclamos y la objetividad de sus posiciones respecto a la sociedad mexicana.

¿Veracidad de reclamos? Sí: todos los mexicanos hemos escuchado las demandas de respeto de los indígenas, los reclamos sobre que programas sociales, planes de infraestructura y demás opciones de desarrollo universales "tienen que" ser adaptados a sus "usos y costumbres" al considerarse una nación aparte o una realidad distinta. ¿Es valido esto? Para este articulista no. ¿Por qué exigen trato especial siendo que por ley son iguales a los mexicanos? ¿Por qué sacan a colación el respeto a costumbres que ellos mismos saben que no son de ellos? Y por último, los indígenas se adaptaron hace cuatrocientos años al mundo cristiano y el sincretismo religioso y cultural con el catolicismo es ya imposible de separar, ¿por qué no se adaptan a la realidad presente como lo hicieron hace cuatro siglos? Esa pregunta es para mí esencial y reveladora de la condición de atraso en que se les ha perpetuado, con ayuda de la cerrazón propia de sus comunidades.

Si durante el siglo XX el indígena fue usado como bandera política del presidente en turno, es fácil encontrar las razones de su rezago en la falta de programas que estimularan su desarrollo, pero la verdad es que nadie es tan tonto como para no darse cuenta de su lamentable estado, a menos que sea complaciente con él. Los pueblos indígenas mexicanos viven en estado deplorable de desarrollo intelectual debido en gran parte a sus "tradiciones inútiles", costumbres que carecen de utilidad para ellos pero que por seguir el camino trazado por el atraso, las perpetúan en sus jóvenes generaciones, ayudados por la falta de un verdadero programa de integración a la sociedad mexicana. No pugnamos por desaparecer sus costumbres sino por hacerles ver que no se deja de ser parte del pasado por mirar al futuro, que el perpetuar su ignorancia sólo les llevará al fracaso social y económico que a la larga terminará con lo que ellos tanto parecen apreciar: la memoria de sus antepasados gloriosos.

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