Practicando la Historia, I

Por: Nefmex

Pasada ya poco más de una semana del regreso a clases, las aguas de han apacentado respecto al tema que fue el escándalo desde el primer día con los libros de Historia repartidos por la SEP, mismos que suprimieron del temario de sexto grado de educación primaria el estudio de la Conquista y la época virreinal, indicando que estos se retomarían "a profundidad" en la secundaria.

Aparte de considerar esta medida como un agravio a la materia que tanto adoro, y no cayendo en el sencillo juicio de unos que achacan todos los problemas al hecho de tener un gobierno identificado con la derecha ideológica, siento que el permitir un recorte o disminución en la enseñanza de la historia no permite entender ciertos aspecto de nuestra identidad como nación mestiza, como nación compleja y pluricultural.

Y sí, casi puedo escuchar la pregunta, ¿y eso cómo se hace? Esto ante el insultante escepticismo que respecto al estudio de la Historia se tiene en México. Pongamos de lado las deficiencias en la enseñanza, dejemos para otra ocasión que para la gente y algunos profesores, la Historia signifique memorizar nombres y fechas. No, el estudio de los hechos del pasado conlleva un objetivo a resolver, un planteamiento que requiere reflexión para poder encontrar las respuestas al por qué hacemos lo que hacemos y somos lo que somos. Para ello, va un ejemplo.

Los del norte y los del sur

Conocida por todos nosotros es la diferencia cultural e ideológica que tenemos respecto a los Estados Unidos y su concepto de la democracia. Aclaro que no entraremos en el sempiterno debate sobre sí en México se ha ejercido la "democracia" en momento alguno de nuestra Historia. Trataremos el concepto con el genérico término del "gobierno del pueblo", sea lo que pueblo signifique para nosotros.

El hecho innegable es que los conceptos de autogobierno entre ambas naciones son muy diferentes, y aunque las divergencias no son por naturaleza malas, lo cierto es que nuestra incapacidad para ejercer a totalidad los derechos y asumir las responsabilidades del sistema de gobierno democrático están, a mi modo de ver, enraizadas en la ideología histórica de nuestro pueblo, tanto para bien como para mal.

El México actual está conformado por un crisol de ideologías producto del proceso de colonización española sobre las culturas indígenas del país hace más de quinientos años. Por ende, los mexicanos no provenimos de una "una cultura" estática y monolítica como otras naciones que pueden decir que comparten el mismo origen social y étnico. ¿A qué se debe esto? Podemos considerar un punto para nuestros fines, y tal es la filosofía cristiano católica de los españoles y la luterana de los protestantes.

La tradición religiosa y social del catolicismo beligerante del siglo XVI en lo que ahora es nuestro país, dejó claras huellas en la forma en como se interpreta el proceso del gobierno y el autogobierno mexicano, diferenciado grandemente con la filosofía puritano-calvinista en la que se basó la creación de las Trece Colonias, lo que ahora es Estados Unidos. Podemos mencionar que, diferente a los españoles, los protestantes que llegaron a las costas americanas traían una misión de separación con las costumbres europeas, deseaban encontrar un lugar en donde ejercer su particular forma de ver la religión. Esto, dista grandemente de la misión imperial de los españoles.

Después de ochocientos años de lucha en la península Ibérica contra los musulmanes, los "españoles" de aquellos tiempos traían imbuida una misión mesiánica producto del proceso de conquista territorial y evangélica. Para ellos -como para los musulmanes- obtener almas para su fé era primordial para lograr la verdadera conquista de territorios, ya que dentro de la filosofía católica de los conquistadores, la salvación de su propia alma se basaba en las acciones en favor de la expansión de la fe que profesaban -entre otras cosas, claro-.

A la caza de almas

La cuestión de la salvación de las almas es importante para determinar aún más las diferencias entre la filosofía católica mexicana y protestante de los estadounidenses. Para estos que formaron las Trece Colonias, sus "almas" se salvaban por predestinación, como marcaba la filosofía luterana de su religión: no eran las obras las que ponían un alma en el cielo, sino que estaba ya decidido desde el principio de los tiempos quien sí y quien no estaba eligido para ser salvo, por lo tanto, poco importaba si "ganaban almas" para su religión, ya que esta les inculcaba que su única "misión" en la vida era ejercer el trabajo para el que fueron "dotados por dios".

La filosofía del trabajo, tan característica de los gringos, viene de esa idea religiosa luterana sin mística, ya que al no haber "medios" para la salvación, sólo quedaba el trabajo. Además, al considerarse "iluminados" por su idea de la divinidad, poco les importaba el entorno en el cual se movieran, ya que todo, desde recursos naturales a personas, eran objeto de uso para el trabajo, herramientas o medios para desarrollar la labor, no como sujetos a entrar en la salvación divina ni como medios para ganarse la propia.

Sin embargo, para los católicos, el trabajo de evangelización daba sentido a su misión en el Nuevo Mundo, dotaba de legalidad -de eso hablamos en otra ocasión- a su intención de llegar a implantar no una civilización apartada de la nueva realidad y alejada de Europa, sino transformarla en una correspondiente a la filosofía de la Reconquista, a la filosofía de la salvación por medio de las acciones y "buenas obras" que su mentalidad daba por correctas, y que por lo tal, formaba una base ideológica europea y españoñla a la nueva sociedad que se creaba: venían a colonizar un mundo nuevo, no a usar la tierra nada más, ya que al extender sus costumbres y cultura, ganaban para su dios más almas con que engrandecerlo y con las cuales hacer méritos en su idea de salvación y paso al cielo.

Así, se encuentra la disyuntiva primegenia entre las dos visiones religiosas en nuestras sociedades: por un lado una fé que quiere construir una realidad que como sucedió en Europa, creaba una nueva sociedad con todo lo bueno y lo malo de los mundos con los que se encontraba. Del otro lado, una concepción donde lo que importa es mantener lo más puro de la sociedad dominante, donde el contacto con el mundo nuevo se reducía a su uso meramente práctico y mercantil, ya que a diferencia de ellos, estos no estaban predistinados a ser parte de la sociedad.

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Con esta información en mente, podemos determinar las bases necesarias para el objetivo de esta serie de dos artículos, a fin de demostrar que el estudio de la Historia tiene practicidad; que tiene forma clara y racional de explicar los acontecimientos del presente que nos plantea la realidad.

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